3 mar. 2014

Maíz transgénico ¿peligro inminente? No lo creo



El maíz transgénico Pioneer 1507 ya está aprobado. La Unión Europea ha autorizado su uso esta semana con el voto mayoritario de cinco países, entre ellos España. Para tomar esta decisión ha necesitado 13 años, no está mal. Casi tres lustros de tediosa y dilatada discusión a pesar de que se contaba con seis informes científicos favorables.
El maíz transgénico lleva años cultivándose en todo el mundo y se ha comprobado que es seguro. Incluso se ha podido demostrar que, en contra de la preocupación del Parlamento Europeo, no afecta a la fauna de artrópodos de los lugares donde se cultiva.
Un informe de 2013 de la revista Critical Reviews in Biotechnology analizaba toda la literatura científica disponible sobre alimentos modificados genéticamente en los últimos 10 años. Los expertos autores de este estudio analizaron 1.783 publicaciones.  De todo ese material se extrajo la conclusión de que no es posible detectar un riesgo evidente derivado del uso de estos alimentos.
El Pioneer 1507 es una variedad de maíz con dos modificaciones genéticas que le hacen producir una toxina contra la plaga del taladro y, al mismo tiempo, lo convierten en superresistente al herbicida glufosinato. Es decir, es un maíz que puede combatir más fácilmente una de las mayores amenazas a la actividad cerealística (la plaga del taladro) y que ya hace que agricultores estadounidenses y asiáticos sean más competitivos que los nuestros.

Actualmente el 95 por 100 de la remolacha azucarera en Estados Unidos es ya transgénica, el 85 por 100 de la soja que llega a la UE también lo es, como lo es el 100 por 100 de los piensos que consumen nuestros animales, sin que haya habido una crisis sanitaria o ambiental derivada de ello. Y en 2013 se superó el récord mundial de agricultores que se han apuntado al cultivo transgénico, con 18 millones de profesionales en 27 países distintos. 
El persistente rechazo a la agricultura biotecnológica entre algunos políticos y  medios europeos es uno de los ejemplos más asombrosos de pseudociencia institucionalizada. Si otros aspectos de la actividad científica (desde la forma de los agujeros negros hasta el cambio climático) gozaran de un consenso científico tan amplio como lo tiene la inocuidad de los alimentos modificados, no habría casi debates en el mundo. Pero mientras en Europa cuesta 13 años y millones de euros perdidos en oportunidades comerciales autorizar una sola variedad, en Estados Unidos, África y Asia los agricultores se aprovechan de nuestros remilgos y compiten en el mercado de la alimentación con ventaja sobre los europeos. y peor todavía, se llevan nuestras variedades obtenidas en nuestras universidades donde si se puede investigar, pero que después no puede desarrollarse industrial o comercialmente ni en nuestro pais ni en la CE. Esperemos que esto cambie. (Adaptado de Jorge Alcalde de la revista QUO)

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